Glucosa Vs Fructosa un dilema

Para la salud: ¿fructosa o glucosa?

El sirope de maiz alto en fructosa (HFCS) es dañino para la salud
El sirope de maiz alto en fructosa (HFCS) es dañino para la salud

Entre los azúcares presentes en nuestra dieta, los dos monosacáridos principales son la glucosa y la fructosa, que juntos, conforman la sacarosa o azúcar de mesa. Sin embargo, siempre se ha asociado la palabra glucosa a fuente de energía y también a sus valores en sangre contra los que luchan los diabéticos y por el contrario, la palabra fructosa se asocia a fruta por lo que resulta mejor vista por todos.

Sin embargo, metabólica y saludablemente y al momento de endulzar, ¿cuál de las dos es mejor? y ¿cuál hace menos daño a nuestro organismo?:

Suponemos, por estudios antropológicos, que el hombre evolucionó comiendo carne y que esta fue la causa de su desarrollo cerebral superior a los demás primates (cosa que no se ha probado ya que el alimentar de esa manera a los chimpancés desde bebés no ha conseguido mejorar el desarrollo cerebral, pero tomemos como real no que nos dicen). De esa manera la dieta del hombre paleolítico se basaba en carne con grasa, tubérculos, algunas frutas, hojas verdes y de cuando en cuando un poco de miel que siempre fue atractiva para el homo sapiens.

La dieta llamada PALEO está de gran moda y se basa en carnes y vegetales casi sin carbohidratos con excepción de pequeñas cantidades de miel
La dieta llamada PALEO está de gran moda y se basa en carnes y vegetales casi sin carbohidratos con excepción de pequeñas cantidades de miel

Que azúcares contiene la miel de las abejas, fundamentalmente las dos que nos ocupan glucosa en un 25 a 30% y fructosa entre un 35 y 45% con una pequeñísima proporción de sacarosa (unión de ambas azúcares) de aproximadamente entre un 1 y un 5%. Todo de acuerdo al origen del cual se nutren las abejas (Apis mallifera) y otras de menor importancia.

¿Cuál de las dos azúcares es mejor?

Hoy en día la dieta del ser humano en occidente contiene al menos un 10% de azúcar tanto en forma visible como al endulzar el café como invisible en postres, salsas, espesantes y otros compuestos. Trataremos de investigar si alguna de las dos queda libre de culpa y las consecuencias que debemos pagar si abusamos de ellas.evolucion-obesidad

Durante mucho tiempo se ha escuchado que la fructosa, cuyo metabolismo no requiere de insulina, es ideal para los diabéticos. Sin embargo, su metabolismo da origen a los mismos productos que se obtienen de la glucosa, solamente omitiendo la necesidad de insulina.

La glucosa es el alimento que se usa como patrón para determinar el índice glucémico (IG) y se le da un valor de 100% o sea que es el alimentos que más eleva el azúcar en la sangre después de comerlo. Mientras tanto la fructosa solamente tiene un IG de 10% o sea 10 veces menos que el de su compañera

Cuando la industria alimenticia descubrió lo anterior se empezó a popularizar a la fructosa como sustituto del azúcar de mesa y el hecho de que es un 30% más dulce hace que necesitemos menos cantidad para lograr el mismo nivel de “endulzamiento”. Todo parecía muy bien y grandes cantidades de la sobreproducción de maíz de los Estados Unidos y Canadá se dedicó a producir HFCS o sirope de maíz alto en fructosa que ustedes encontrarán en gran cantidad de alimentos enlatados y en conservas y reposterías de todo tipo.

Tanto la glucosa como la fructosa entran en el metabolismo de producción de glucógeno o sea el almidón de almacenamiento en el hígado y en los músculos y ambas nos proporcionan 4 Kcal por gramo en forma de energía de rápida utilización.

El problema es que ambos azúcares entran muy fácilmente en la producción de grasa o sea en la posibilidad de aumentar de peso.

El cuerpo humano funciona como el almacén o bodega de una industria. Cuando recibe un alimento toma inmediatamente una decisión de si lo necesita en ese momento o si lo debe «guardar para el futuro» y para guardarlo cuenta con una pequeña bodega que almacena carbohidratos en forma de almidón (capacidad de aproximadamente 500 a 600 gramos) y una interminable bodega que almacena grasa o sea tejido adiposo o, mejor dicho, obesidad que puede llegar a más de un millón de Calorías almacenadas en más de 100 kilos de grasa. (suficiente para vivir sin comer durante 500 días o sea año y medio).

El problema que tenemos hoy en día es que «nunca deja de llegar mercadería a la bodega» o sea que lo almacenado nunca se va a utilizar y por eso no podemos adelgazar.

Algo que se ha descubierto recientemente es que la grasa no está allí por siempre o sea que no es simplemente un «peso muerto» si no que hay un constante proceso de movilización de la grasa acumulada y nueva acumulación a lo que llamamos el «turn over» o ciclo metabólico y que no comer o llevar una dieta demasiado baja en Calorías nos va a llevar a un enlentecimiento de ese ciclo haciendo que bajemos de peso más lentamente, por lo que debemos mantener una dieta entre 1000 y 1500 Calorías diarias con una razonable actividad física para adelgazar más rápidamente.

Abusar de la glucosa, la fructosa o la sacarosa, tendrá un mismo efecto en el cuerpo: balance calórico positivo y aumento de peso corporal aparte de que se ha descubierto que la fructosa adicionada a las bebidas puede ocasionar mayores problemas con los lípidos corporales y el colesterol y estimular resistencia a la insulina y síndrome metabólico más que la glucosa, lo cual se vincula a mayor riesgo cardiovascular, ovarios poliquísticos y otros problemas.

Comer fructosa contenida en alimentos naturales como la fruta o las verduras, es distinto, porque su porcentaje es muy bajo y además contienen también, fibra, agua, vitaminas y minerales. Pero recuerden que el consumo de frutas dulces no es libre en ningún plan nutricional razonable y que los alimentos deban balancearse.

En definitiva, como todos los azúcares, debemos consumirlos con moderación, ya que no deben representar gran parte de las calorías en nuestra dieta. Y aunque no sean lo mismo, el resultado final en el cuerpo de uno u otro azúcar, es muy similar, y en exceso, pueden perjudicar la salud.

 

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