La educación Médica. ¿Un Nuevo paradigma?

Manuel E. Piza

2016

Todo proceso se evalúa de por tres métodos: Estructura, Proceso y Resultados. Sin embargo es solamente el resultado el que nos va a producir una evaluación realmente válida. Decía Abraham Lincoln: «Todo lo que hago lo realizo con la mejor intención y trato de hacerlo de la mejor manera, si al final de mi esfuerzo tengo éxito, de poco me valdrán las críticas de mis detractores pero, si fracaso, no me servirá que 1000 ángeles juren que yo tenía la razón».

No hay duda que los médicos y demás profesionales de la salud, así como las estructuras físicas y los procesos logísticos que se implementan en la atención de los ciudadanos, son las piezas del engranaje de la salud como un todo y es entonces válido pensar que la calidad de los graduados es la mejor forma de evaluar a una universidad o sistema de formación, sobre todo en medicina dado que éste es el profesional más discrecional del sistema y el que controla con sus solicitudes, órdenes, procedimientos y prescripciones el 90% del presupuesto de la salud de un país o región.

La educación médica se ha basado en algunos paradigmas dominantes El proceso se divide en ciencias básicas, clínicas y práctica y se producen actividades diferentes en cada una de las etapas. Esos procesos han producido, a no dudarlo, grandes figuras de la medicina actual y pasada y ha contribuido al desarrollo vertiginoso de lo medicina en los úlimos 65 años pero debemos hacernos la pregunta: ¿Está actualmente agotado dicho modelo?.

Posiblemente si y posiblemente no…. Decía Peter Drucker uno de los más gandes pensadores del siglo 20, que si un programa o empresa no se «REINVENTA» cada cierto número de años, está destinado a fracasar y ese ciclo, con la velocidad del avance tecnológico de la actualidad, se ha acortado. Si bien hace 30 años la revisión profunda con objeto de reinventarse se podría realizar cada cinco a 10 años, actualmente debe ser un proceso casi continuo porque, como dice Steven Hawkins: «Los procesos del pasado deben adaptarse continuamente, ya no al presente sino al futuro que llega cada vez más aceleradamente».

Debemos pensar que tan bien se están desempañando los profesionales graduados con el paradigma actual y eso lo vemos fácilmente cuando valoramos, al menos en mi país Costa Rica, la realidad de los médicos graduados en los últimos 10 años y el panorama no es muy alentador. Hay un grupo importante que no ha podido encontrar trabajo o sea que tenemos una población médica desempleada. El ingreso a programas de especialización se dificulta con índices de aprobación de los exámenes de selección menores de un 30% (además de la limitación impuesta por el es estado al número de médicos que ingresan a las especialidades). Las acusaciones o demandas por errores médicos o mala práctica se ha disparado (actualmente tenemos más de 400 casos abiertos en las diferentes sedes administrativas o judiciales). Todos esos indicadores nos hacen pensar que posiblemente no estamos graduando los profesionales que necesita el país y, mucho menos, los que necesitará en los próximos 40 años. O sea que SÍ es necesario revisar los métodos y programas de enseñanza aprendizaje de las universidades actuales.

Es importante entender que la educación médica es un programa de «EDUCACIÓN DE ADULTOS» en donde la responsabilidad personal del estudiante es fundamental y además entender que a los 17 a 18 años de edad y saliendo recién de un proceso de aprendizaje tutelado y centrado en los contenidos (o sea fundamentalmente memorístico) que es el que domina la educación secundaria, tenemos un estudiante sumamente inmaduro sin un desarrollo de habilidades de auto-aprendizaje y menos de auto-crítica, con poca capacidad para trabajar en grupo, muy limitadas habilidades de investigación individual o grupal y que, en su gran mayoría, entran a la carrera de medicina con objetivos poco claros y muchas veces equivocados.

Todo eso hace que debamos purgar los primeros dos cursos anuales, al menos, en forma importante pero también es importante analizar los parámetros para la purga los cuales se han fijado generalmente en el resultado numérico de las calificaciones (lo más sencillo) y no se ha dado énfasis en una verdadera evaluación de habilidades que puedan ser compatibles con el ejercicio profesional el cual es el verdadero y único objetivo de un proceso de educación universitaria.

La enseñanza médica ha puesto el énfasis en los ambientes formales y escolarizados pero, en la vida profesional de los médicos, el aprendizaje está lleno de acciones informales, complementadas con el ejercicio clínico diario que le permite al profesional evaluar la veracidad, conveniencia y adecuación de los conocimientos adquiridos en su formación formal, a la práctica diaria y eso ocurre a pesar que la práctica de la medicina en el sistema de «cuidado administrado» o managed care que predomina actualmente, los procedimientos médicos están generalmente reglamentados y protocolizados lo que de da al profesional, un ámbito de discrecionalidad muy escaso.

Es importante, por lo tanto, capacitar al estudiante en ese proceso de crítica del conocimiento y equiparlo con las herramientas para auto-evaluarse constantemente y adaptar sus conocimientos al cambio constante en los paradigmas de la práctica de la medicina.

Dice Luis Felipe Abreu (profesor emérito de la Universidad Autónoma de México) “Abordar el aprendizaje en el ejercicio clínico mismo, implica mayores retos: los objetivos de aprendizaje no están claramente definidos y se negocian paso a paso, las fuentes de información son cambiantes, las redes de médicos se organizan o reorganizan continuamente y los sistemas de evaluación no son claros. A pesar de las dificultades, debemos incursionar en este nuevo campo. Ello permitiría mejorar el desempeño profesional de los médicos y tener mayor impacto sobre la calidad de la atención. No se trata de que la educación médica como disciplina renuncie al estudio de la educación formal; sino de ampliar sus horizontes para responder al imperativo de la época”.

Posiblemente los nuevos paradigmas de la enseñanza de la medicina no están definidos y, más aún, posiblemente cambien tan rápido como avanza la tecnología, lo importante es que los sistemas educacionales se auto-evalúen constantemente y se comparen permanentemente y no solo al final de la carrera, con los estándares de la práctica médica por lo que el porcentaje de éxito de sus estudiantes en el proceso de incorporación profesional, es el mejor parámetro para evaluar la adecuación y calidad de la enseñanza que se ofrece.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *