Comer por atracones

Realmente hay personas que necesitan comer en forma de ATRACONES o sea que necesitan comer en grandes bocados y llenar la boca hasta reventar, para sentirse saciados a eso la llamamos trastorno por atracón.

Se trata de un trastorno de la conducta alimentaria que no tiene que ver con la alimentación compulsiva, la bulimia o el comer en exceso.

En la mayoría de los casos, la persona sufre de aumento de peso u obesidad. El perfil típico es el de una persona que siente periódicos deseos de ingerir alimentos de forma descontrolada (en ocasiones, sobrepasando la ingesta de 5000 calorías diarias), pero, a diferencia de la bulimia, no busca contrarrestar el atracón provocándose el vómito.

El trastorno por atracón es un trastorno alimenticio común en los Estados Unidos y el resto del mundo occidental, pero es muy raro en oriente. Se calcula  que afecta a un 3,5% de las mujeres y el 2% de los hombres y es más frecuente (hasta un 30%) en las personas que buscan un tratamiento para bajar de peso.

Es definitivamente un problema psicológico. Simplemente la persona necesita de comer de esa manera para sentirse saciada.

Se ha clasificado psiquiátricamente como un trastorno independiente de la conducta alimentaria de acuerdo al DSM-V y se describió por primera vezpor el psiquiatra e investigador Albert Stunkard en 1959  como “síndrome de alimentación nocturna” (Night Eating Syndrome (NES)), siendo el término “trastorno por atracón” usado posteriormente para describir la misma conducta alimentaria compulsiva, pero sin necesidad de que ocurriera en forma nocturna.

El problema generalmente produce obesidad, a la larga,  aunque puede ocurrir en individuos con un peso normal y es frecuente entre cierto tipo de atletas como los jugadores de futbol americano.

Pueden existir factores genéticos que predispongan al desarrollo del trastorno. Este trastorno tiene una alta incidencia de comorbilidad psiquiátrica como comportamiento compulsivo y trastorno de ansiedad.

Los atracones se han asociado mucho últimamente a síntomas de adicción, en especial a alimentos con alto contenido de azúcar, harina y de sal y se asocia también con los llamados “centros de recompensa del cerebro”.

Para esas personas, la ingestión de alimentos en forma masiva, fomenta la liberación de neurotransmisores relacionados con serotonina y la dopamina y eso se ha asociado con el desarrollo de factores neurobiológicos relacionados con el proceso adictivo. Cada vez se hace más claro que la adicción a la comida tiene mucho más que ver con los receptores de dopamina en el cerebro, que cualquier otro neurotransmisor.

La dopamina tiene que ver con los sistemas de recompensa en el cerebro y la adicción a la comida es la causa de la compulsión por comer, ahora llamado por el DSM 5, trastorno por atracón.

Consumir bocados pequeños y masticar repetidamente por al menos 14 segundos es un ejercicio importante para evitar este problema

El tratamiento con medicamentos estimulantes de la recaptación de serotonina puede ayudar pero en general el problema debe atenderse en forma psicológica con un proceso de re-educación alimentaria que facilite una conducta más adecuada en el consumo de alimentos con bocados pequeños y masticación prolongada. La hipnoterapia puede tener un papel importante en el tratamiento.

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El azucar es adictivo

Nuestro cuerpo y el de los demás animales, necesita azúcar para vivir y algunas partes del cuerpo, entre ellas el cerebro y los glóbulos rojos la necesitan especialmente ya que es su alimento favorito y, si el nivel de azúcar sanguíneo baja a menos de 60 miligramos por cada 100 ml de sangre, caemos en un coma porque el cerebro deja de funcionar y podemos morir.

(ver comentario corto)

No es necesario comer azúcar para mantener
un nivel normal en la sangre.

Los carbohidratos complejos como
los almidones de los cereales, papas o algunas frutas como la manzana y
las proteínas suplen esa necesidad

Sin embargo… NO ES NECESARIO COMER AZÚCAR ya que el cuerpo la produce a partir de casi cualquier alimento, sobre todo de los almidones que son los carbohidratos contenidos en el pan, en los cereales, en los frijoles y otras legumbres

Durante la mayor parte de la evolución de la especie humana no comimos azúcares con excepción quizás de las mieles de las abejas ocasionalmente. De hecho el azúcar se incorporó a la dieta occidental avanzada ya la Edad Media, aunque en China se conoció la caña de azúcar originaria de la actual Indonesia ya unos 2 o 3 mil años antes de Cristo, pero la utilizaban como planta medicinal y no formaba parte de la dieta

El origen de la extracción del azúcar blanco o marrón se dio posiblemente durante el Imperio Romano y era una delicadez disponible solamente para los más ricos que le llamaban «SAL DE LA INDIA».

Durante los últimos 100 años el consumo de azúcar por parte del ser humano ha aumentado en una forma exponencial y actualmente se consume en el mundo occidental un promedio de 80 gramos diarios de azúcar en su forma dulce, sobre todo en la forma de sacarosa (mezcla de fructosa con glucosa), cuando la recomendación de la OMS es que no se pase de 60 gramos para los hombres y 50 para las mujeres, siendo preferible sustituir los alimentos dulces por edulcorantes artificiales y almidones especialmente los derivados de los cereales integrales.

Las frutas contienen azúcar y por eso son dulces pero generalmente son más ricas en FRUCTOSA  que en glucosa, por lo que se pueden manejar sin necesidad de insulina por lo que su consumo es menos peligroso incluso para los diabéticos. Sin embargo debemos considerar que, por ejemplo, un banano maduro grande puede contener 20 gramos de azúcar y una naranja aproximadamente 15 gramos. Otros frutos ricos en azúcar son la sandía, el kiwi, las uvas, el mango maduro y tiene menos azúcar por ejemplo la manzana.

¿Por qué decimos que el azúcar es adictivo?

Porque las personas que se acostumbran desde niños a consumir azúcar desarrollan una dependencia a esas sustancias y no pueden dejar de comerlas. Cuando comemos, la glucosa, y otros azúcares simples, son absorbidas muy fácilmente desde el intestino hacia la sangre y distribuida a todas las células del cuerpo.

Por ejemplo Coca Cola vende un promedio de 1,900 millones de refrescos por día y solamente el 27% son light o cero.
Si cada refresco regular tiene 45 gramos de azúcar, eso lo hace el mayor consumidor de sacarosa a nivel mundial con una cantidad de 85 mil toneladas al día.

Cuando no comemos azúcares o alimentos dulces, entonces el cuerpo tiene que hacer un trabajo mayor para extraerla de los almidones, de las proteínas o de las grasas (con ayuda de los carbohidratos) y de esa manera se generan los 150 a 200 gramos diarios que necesitamos para nuestra vida. Pero ese proceso es más lento y trabajoso lo que se conoce como ÍNDICE GLUCÉMICO y en este caso se necesita menos INSULINA (ver nuestra entrada) por lo que se reducen los efectos perjudiciales para la salud.

Nuestra relación con el azúcar comienza muy pronto: NACEMOS GOLOSOS lo que se ha demostrado con estudios en que se le ofrece a un recién nacido un alimento dulce y uno con alto valor nutritivo pero de sabor menos dulce (por ejemplo salado) y el niño va a preferir el dulce en todos los casos.

El problema hoy en día es que el azúcar refinada está fácilmente al alcance de todos, y esto puede ser una de las razones por las que la obesidad infantil ha aumentado, por lo que se debe recomendar a los padres que no den ofrezcan a los bebés cosas dulces para comer o beber para evitar que se desarrolle esta preferencia a temprana edad y se ha demostrado que los niños que crecen sin consumir dulces son más sanos y en promedio tienen una posibilidad mucho menor de tener sobrepeso a los 20 años que los que crecen consumiendo azúcares y alimentos dulces.

Hay muchas personas que relacionan el azúcar con un sentimiento de satisfacción y logran tranquilizarse y calmar sus nervios o ansiedad, cuando comen un dulce y eso se ha demostrado que se relaciona con un efecto tranquilizante que se produce cuando la concentración de azúcar se aumenta en la circulación cerebral y con el aumento de la producción de insulina y liberación de SEROTONINA que es una hormona relacionada con la tranquilidad y la felicidad. Ese tipo de reacción se puede combatir si se toma la decisión de eliminar totalmente el azúcar y los alimentos dulces del programa alimenticio de esas personas logrando al cabo de unos días que se supere esa adicción-

De acuerdo con el National Health Service (NHS), el servicio público de salud británico, las azúcares añadidas no deberían aportar más de 10% de la energía que obtenemos de alimentos y bebidas cada día, sin importar si proviene de jugo de frutas, miel, mermelada, gaseosas azucaradas o comida procesada.

Esto se traduce en menos de 70g por día para hombres y 50g para mujeres. Debemos recordar que una botella de bebida carbonatada azucarada, puede proporcionarnos 45 gramos de azúcar por lo que una sola de esas bebidas por día, puede superar el consumo recomendado.

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El alcohol la obesidad y el cancer

La obesidad y el cáncer.
La nutrición y el cáncer se encuentran en dos escenarios.
Por una parte la nutrición como factor de riesgo y por la otra las consecuencias nutricionales de los tumores y sus tratamientos

Dr Manuel E. Piza

La Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO) publica una advertencia sobre la asociación del consumo de alcohol, el exceso de peso y el cáncer, demostrando que las personas con importantes sobrepesos y, aún en pequeñas cantidades, el uso de bebidas embriagantes puede aumentar la frecuencia de ciertos tumores.

Con respecto a la obesidad, el Instituto Nacional del Cáncer de ese mismo país, la establece como un factor de riesgo definitivo  el exceso de peso, cuando el INDICE DE MASA CORPORAL supera los 35 Kg por metro cuadrado (IMC= PESO EN KILOS DIVIDIDO POR EL CUADRADO DE LA ESTATURA EN METROS) establece la relación entre la obesidad y los siguientes tipos de cáncer (calcular su índice de masa corporal).

  • Cáncer de endometrio: Las mujeres obesas tienen de dos a cuatro veces más probabilidad que las mujeres de peso normal de presentar cáncer de endometrio (cáncer del revestimiento del útero), y mujeres extremadamente obesas tienen casi siete veces más probabilidad de presentar los más comunes de los dos tipos principales de este cáncer. El riesgo de cáncer de endometrio aumenta con el aumento de peso en la edad adulta, especialmente en mujeres que nunca han usado la terapia hormonal para la menopausia.
  • Carcinoma de esófago: Las personas que tienen exceso de peso o que son obesas tienen la doble probabilidad que las personas de peso normal de presentar un tipo de cáncer de esófago llamado adenocarcinoma esofágico, y en las personas con IMC superior a 45 esa probabilidad más de cuatro veces.
  • Cáncer gástrico de la parte superior o cardias: Los obesos tienen la doble probabilidad que las personas de peso normal de presentar cáncer en la parte superior del estómago, es decir, la parte que está más cerca del esófago.
  • Cáncer de hígado: Los obesos tienen doble probabilidad que las personas de peso normal de presentar este tipo de cáncer y la asociación entre la obesidad y el cáncer de hígado es mayor en los hombres que en las mujeres.
  • Cáncer de riñón: Casi el doble de probabilidad de este tumor se dan entre los obesos que entre personas de peso normal, sobre todo el tipo llamado «de células renales» o hipernefroma que es la forma más común. Esta asociación es independiente de su relación con presión arterial alta que también es un factor de riesgo para el cáncer renal.
  • Mieloma múltiple (tumor de la sangre que se origina en la médula de los huesos): En comparación con los individuos de peso normal, quienes tienen sobrepeso o que son obesos tienen un aumento de un 10 a 20% del riesgo de presentarlo.
  • Meningioma (tumor benigno generalmente de las membranas que recubren el cerebro o la médula espinal): El riesgo de este tumor de crecimiento lento aumenta en casi 50 % de las personas que son obesas y en casi 20 % de las personas que tienen sobrepeso sin llegar a obesidad (IMC 25-33).
  • Cáncer de páncreas: La probabilidad es cerca de 1,5 veces de presentar cáncer pancreático, en los obesos en relación con la gente de peso normal.
  • Cáncer colorrectal (o del intestino grueso): Los obesos tienen aproximadamente 30% más probabilidad de presentarlo que las personas de peso normal y sobre todo se demuestra que en los obesos el diagnóstico por lo general es más tardío y hay mayores posibilidades de complicaciones postoperatorias. Un IMC mayor de 30 está asociado con mayores riesgos de cánceres de colon y de recto tanto en hombres como en mujeres, pero los aumentos son mayores en los hombres.
  • Cáncer de vesícula biliar: En comparación con personas de peso normal, las personas con sobrepeso tienen un ligero aumento (casi 20 %) de riesgo de cáncer de vesícula biliar, y las personas que son obesas tienen un aumento de 60 % del riesgo de cáncer de vesícula biliar (19, 20). El aumento del riesgo es mayor en las mujeres que en los hombres.
  • Cáncer de seno: Muchos estudios han indicado que, en mujeres posmenopáusicas, un IMC más elevado se asocia con un ligero aumento del riesgo de cáncer de seno (mama). Por ejemplo, un aumento de 5 unidades en el IMC está asociado con un aumento de 12 % en el riesgo. En mujeres post menopáusicas, quienes son obesas tienen de 20 a 40 % de aumento en el riesgo de presentar cáncer de mama en comparación con mujeres de peso normal. Los riesgos mayores se observan principalmente en las mujeres que nunca han usado la terapia hormonal para la menopausia y para tumores que expresan receptores hormonales. La obesidad es también un factor de riesgo para este cáncer en hombres pero, en mujeres pre menopáusicas, por el contrario, el sobrepeso y la obesidad están asociados con una disminución de 20 % del riesgo de tumores de seno relacionados con receptores hormonales.
  • Cáncer de ovario: Un alto IMC se asocia con aumento del riesgo de cáncer de ovario, especialmente en mujeres que nunca han usado terapia hormonal para la menopausia. Por ejemplo, un aumento de 5 unidades en el IMC está asociado con un aumento de 10 % del riesgo en ese tipo de
  • Cáncer de tiroides: Un IMC mayor (específicamente, un aumento de 5 unidades en el IMC) se asocia con un ligero aumento (10 %) del riesgo de cáncer de tiroides sobre todo el conocido como papilar. (
Alcohol and Cancer:

El consumo de alcohol se ha establecido como un factor de riesgo para muchas enfermedades malignas y se encuentra en el tercer lugar entre los factores controlables solamente después del consumo de cigarrillos y la exposición a elementos contaminantes ambientales.

El comité de prevención de la sociedad norteamericana de oncología clínica (ASCO) se ha propuesto una campaña para disminuir el consumo de bebidas embriagantes ya que la cantidad de alcohol consumido es determinante del daño derivado. O sea que un consumo moderado de bebidas NO DESTILADAS es compatible con una frecuencia de enfermedad igual a la de la población general o incluso puede tener efectos protectores, pero el consumo de grandes cantidades sobre todo de las bebidas con mayor contenido alcohólico es el que se asocia con aumento de la incidencia y severidad de los tumores.

Así mismo ASCO está estableciendo un liderazgo mundial en el control del consumo excesivo de alcohol y sus objetivos son:

  • Promover la educación pública sobre los riesgos del alcoholismo en relación al cáncer y a otros problemas de salud.
  • Respaldar políticas públicas en diferentes países en contra del uso del alcohol en reuniones y acontecimientos relacionados con encuentros entre políticos y oficiales de los gobiernos.
  • Restringir la provisión de bebidas embriagantes a los menores de edad.
  • Promover la prohibición de bebidas alcohólicas entre las fuerzas armadas a nivel mundial.
  • Prohibir totalmente el consumo de alcohol por parte de menores.
  • Evitar la publicidad de alcohol asociada a eventos deportivos y prohibir el uso de bebidas embriagantes durante esos eventos.
  • Endurecer las leyes contra el consumo de alcohol durante la conducción de vehículos.

El alcoholismo se asocia con cáncer de mama, de hígado, de estómago, de páncreas, de esófago, de vejiga urinaria, y otros tumores y su  consumo también se asocia con una disminución en la capacidad de sobrevivir después de una cirugía o tratamiento de cáncer por lo que constituye un factor de riesgo doble.

Aceite de onagra y otros anti inflamatorios

Un excelente antioxidante

Aceite de Onagra o Evenenig Primrose

La onagra, prímula o hierba del asno (Oenothera biennis) es una planta bianual originaria del norte de América y extendida en la actualidad por toda Europa.

El aceite, obtenido por presión en frío de sus semillas, es muy rico en ácidos grasos esenciales poliinsaturados, especialmente linoleico y gamma-linolénico que, por regular el metabolismo general, desempeñan un papel muy importante en el organismo y son precursores de diversos mediadores celulares e intercelulares (leucotrienos, prostaglandinas y tromboxanos) indispensables para la estabilidad de las membranas de las células del organismo, el desarrollo del sistema nervioso, el equilibrio del sistema hormonal y la regulación de los procesos de coagulación sanguínea.

El Vademécum de prescrip-ción de Fitoterapia recoge como Indica-ciones de la onagra las

Manifestaciones de deficiencias de la conversión de ácido linolénico en gamma-linolénico

  • Eczema atópico,
  • Ictiosis con prurito,
  • Prevención del envejecimiento cutáneo,
  • Síndrome premenstrual,
  • Enfermedades alérgicas,
  • Impétigo,
  • Eritemas,
  • Neuropatía diabética,
  • Artritis reumatoide,
  • Prevención de la arteriosclerosis y los tromboembolismos
  • Elevado riesgo cardiovascular.

Debido a las propiedades y características del ácido gamma-linolénico y de la prostaglandina E1, es bastante amplia la lista de enfermedades en que se ha aplicado con éxito el aceite de onagra. Así, el aumento de colesterol y del contenido graso de la sangre, los trastornos circulatorios (hipertensión arterial y prevención de trombosis, hemorragia cerebral e infarto de miocardio) y genitales (dismenorrea, ciclos irregulares, esterilidad por insuficiencia ovárica, menopausia), afecciones del sistema nervioso (Parkinson, esclerosis en placas, afecciones por degeneración neuronal), trastornos de la conducta (irritabilidad, nerviosismo, neurastenia, esquizofrenia) y de la respuesta inmunitaria (alergia, asma, eccema, dermatitis), procesos reumáticos y problemas dermatológicos (exceso de secreción sebácea o acné, arrugas o sequedad de la piel, fragilidad de uñas y cabello).

Los ácidos grasos esenciales

Los ácidos grasos esenciales (AGE), entre ellos el linoleico y el gamma-linolénico, son ácidos grasos necesarios para el adecuado funcionamiento de las células que, al no poder ser elaborados por el propio organismo, deben ser suministrados con la dieta. El ácido linoleico es el AGE más abundante y se halla sobre todo en los aceites vegetales, las leguminosas y las vísceras. El ácido gamma-linolénico se encuentra en la leche humana y en el aceite de onagra, vegetal que lo contiene en proporciones notables.

El papel bioquímico fundamental de los ácidos grasos esenciales es doble. Primero, son componentes vitales de la estructura de todas las membranas del cuerpo, por lo que una insuficiencia de AGE genera cambios en la conducta de todas las membranas. Y segundo, los ácidos grasos esenciales son los precursores necesarios de las prostaglandinas.

Si la dieta es insuficiente en AGE pueden generarse diversos trastornos, entre ellos, en el corazón y la circulación sanguínea, en la piel, en la inmunidad y la resistencia a la enfermedad, inflamatorios y en la cicatrización de heridas y lesiones, la reproducción y disfunciones cerebrales, así como un defectuoso equilibrio del agua en el organismo.

Varios estudios sostienen que el alcohol provoca una deficiencia de ácidos grasos esenciales. Respecto a la artritis reumatoide, los AGE son mediadores importantes de la inflamación debido a su capacidad para formar prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos.

La ingesta de algunos tipos de aceite puede producir una reducción o un aumento significativos de la inflamación, en función del tipo de AGE que contenga.

El ácido araquidónico es un ácido graso derivado casi en su totalidad de fuentes animales (carne, productos lácteos), que contribuye en gran medida al desarrollo del proceso inflamatorio a través de su transformación en prostaglandinas y leucotrienos PRO-INFLAMATORIOS. Por ello es que las dietas vegetarianas pueden ser beneficiosas en el tratamiento de los enfermedades inflamatorias debido a la disminución de la disponibilidad de ácido araquidónico y por tanto de su transformación.

Las personas con diferentes tipos de eccema presentan una deficiencia de ácidos grasos esenciales o un defecto en la enzima relacionada con cinc implicada en el metabolismo de los mismos, lo que produce una síntesis menor de las prostaglandinas antiinflamatorias.

El tratamiento con aceite de onagra regulariza las anomalías de los AGE y alivia los síntomas del eccema. Las dosis terapéuticas son normalmente 3 o 4 gramos diarios durante un mes, reduciéndose después a 1 gramo diario.

La administración de ácidos grasos esenciales produce una mejora significativa en muchos hombres con hiperplasia prostática benigna. Como conclusión de diferentes estudios se constata una disminución de la orina residual, lo que parece deberse a la corrección de una deficiencia subyacente de ácidos grasos esenciales. Varios autores aconsejan suplementar la dieta con aceite de onagra, a razón de una cucharadita diaria o 4 gramos.

Las prostaglandinas

Las prostaglandinas son compuestos biológicamente muy activos y sumamente importantes en el metabolismo. Se hallan en casi todos los tipos de células y son reguladores vitales que contribuyen al mantenimiento de las funciones de los diversos órganos corporales. Las prostaglandinas, por ejemplo, desempeñan un papel fundamental en el proceso de la hemostasia (detención de un proceso hemorrágico): unas inducen la agrupación plaquetaria y son potentes vasoconstrictores, mientras otras se comportan como antiagregantes y vasodilatadores.

Las prostaglandinas influyen también en la actividad del aparato digestivo,  en la liberación de hormonas sexuales, y en las contracciones uterinas y en parte son responsables de los dolores y molestias menstruales.

Todo eso serían las “prostaglandinas malas”. Pero, al igual que sucede en el caso del colesterol, también las hay buenas, por ejemplo la prostaglandina E1 (PGE1), formada a partir del ácido gamma- linolénico, ingrediente activo de los aceites vegetales y del aceite de pescados de agua muy fría.

La PGE1, entre otras acciones, dilata los vasos y mejora la corriente sanguínea, reduce la presión sanguínea a límites normales, ayuda a prevenir la acumulación de colesterol, permite una mayor eficacia a la insulina, inhibe la trombosis, contrarresta las inflamaciones y controla la artritis, ayuda a regular la función cerebral, inhibe la proliferación anormal de células y regula el sistema de inmunización, y alivia los síntomas físicos y mentales del síndrome premenstrual y de la menopausia.