Colesterol, declarado inocente

EL COLESTEROL

¿DECLARADO INOCENTE?

Manuel E. Piza

infarto-2EL 40% de las personas que mueren de un ataque cardiaco prematuro (antes de los 60 años) tienen el colesterol normal. ¿Será esto una indicación de que hemos estado acusando y condenando a un inocente?

El colesterol, que se considera uno de los enemigos públicos número uno en la actualidad, no es una grasa sino un alcohol cíclico complejo, insoluble en agua y producto del metabolismo de las grasas en los animales, incluyendo nuestro propio metabolismo.

A lo largo de los años se ha acumulado evidencia científica que demuestra que lo que pensábamos de las grasas saturadas como la mantequilla y del colesterol, era totalmente equivocado.
Se decía que la reducción de los niveles de colesterol, sobre todo del llamado colesterol malo o LIPOPROTEÍNAS DE BAJA DENSIDAD o LDL era la mejor forma de reducir el riesgo de enfermarse del corazón y que esto se lograba reduciendo el consumo de ácidos grasos saturados y aumentando el de los de tipo mono o poli-insaturados.
Todo eso se ha demostrado que es falso.
Analizando cuidadosamente los estudios que respaldaron esas afirmaciones. Sobre todo los realizados en los hospitales mentales de Minnesota entre 1968 y 1973 en que casi 9500 personas de ambos sexos fueron asignados a una DIETA TRADICIONAL AMERICANA o a una DIETA MODIFICADA que bajaba el consumo de grasas saturadas y las sustituía por grasas vegetales poli-instauradas derivadas principalmente del maíz y de margarina vegetal, se encontró fallas muy importantes en el análisis lo cual fue revelado en el año 2016 que demuestran que aunque el colesterol promedio de las personas en la dieta modificada bajó 14%, no se pudo demostrar a largo plazo una disminución en la frecuencia de enfermedad cardiovascular ni en la mortalidad relacionada con eventos cardiacos o accidentes vasculares cerebrales. Realmente se demostró que la mortalidad fue mayor en las personas sometidas a una dieta modificada que en las personas que no disminuyeron la cantidad de grasa saturada y mantuvieron altos niveles de colesterol.
O sea que se demuestra que cambiar el consumo de grasas saturadas por instauradas no solo no disminuye el numero de muertes por ataques al corazón, sino que lo aumenta.
También algunos estudios que trataron de relacionar los países con mayor consumo de grasa saturada con mayores indices de enfermedad cardiovascular, han sido revisados ya que en ellos se omitió incluir muchos países con altos consumos de grasa como algunos pueblos del Japón, de la isla de Creta y otras comunidades de dieta típicamente cargada de grasa en que se tiene una mortalidad y una morbilidad por enfermedad cardiaca, mucho más baja que las sociedades occidentalizadas.
O sea que el colesterol y las grasas saturadas, han sido nuevamente declarados inocentes.
Aun más, se ha demostrado que una dieta BAJA EN CARBOHIDRATOS y alta en grasa como la llamada DIETA CETOGÉNICA tiene un importante efecto cardioprotector tanto en personas que no han sufrido un ataque como en aquellos que desean prevenir un nuevo evento cardiovascular.
Parte de esa protección se asocia con una disminución del peso corporal y un plan de ejercicio moderado pero constante con una disminución de los requerimientos de INSULINA y una disminución del INDICE GLUCÉMICO promedio de los alimentos consumidos.
(Ver también)

Los principales lípidos (compuestos similares a las grasas) plasmáticos, incluidos el colesterol (o colesterol total) y los triglicéridos, no circulan libremente en solución en el plasma, sino que están unidos a proteínas y son transportados en forma de complejos macromoleculares llamados lipoproteínas. (como especie de botecitos llenos de lípidos que flotan en el torrente sanguíneo).

Los quilomicrones en la sangre
Los quilomicrones en la sangre

Las principales clases de lipoproteínas –quilomicrones, proteínas de muy baja densidad (VLDL), lipoproteínas de baja densidad (LDL) y proteínas de alta densidad (HDL) están estrechamente interrelacionadas y se clasifican por sus propiedades.

Los quilomicrones, las lipoproteínas de mayor tamaño son como barcazas cargadas de grasa, transportan los triglicéridos que se absorben en el intestino por medio de los vasos linfáticos o «QUILÍFEROS» y van al hígado por unas venas especiales que se llaman vasos linfáticos, de las cuales el principal es el conducto torácico que se mezcla con la sangre venosa.

En los capilares del tejido graso o adiposo y del músculo, el 90% de los triglicéridos de los quilomicrones es extraído por un grupo de sustancias conocidas como ENZIMAS y los ácidos grasos y el glicerol, derivados de los quilomicrones, entran en los miocitos o células musculares y en otras células del cuerpo para que se extraiga su energía y se utilice en el movimiento muscular y en el trabajo que esos órganos realizan. El sobrante es absorbido por los adipocitos o células grasas para su almacenamiento (ahí está uno de nuestros problemas principales).

El hígado elimina después las partículas no aprovechables de los quilomicrones, pero créanme, desperdicia muy poco.

colesterol-bueno-y-malo1Las VLDL transportan principalmente los triglicéridos (ácidos grasos unidos a glicerol) endógenos o sea los que provienen del hígado a los mismos lugares periféricos (adipocitos y células musculares) para su almacenamiento y utilización y las mismas enzimas que actúan sobre los quilomicrones degradan con rapidez estos triglicéridos endógenos de las VLDL, originando lipoproteínas de densidad intermedia (IDL) que son desprovistas de la mayor parte de sus triglicéridos y que en 2 a 6 horas son degradadas originando LDL, por lo que las VLDL son la principal fuente de las LDL plasmáticas conocidas corrientemente como el COLESTEROL MALO que, como usted puede ver, es posible que no sea colesterol y que tampoco sea tan malo como lo pintan.

El colesterol es una sustancia serosa que su cuerpo utiliza para proteger los nervios, formar tejidos celulares y producir ciertas hormonas. La mayor parte del colesterol dentro de su cuerpo es producido por el hígado. Algo de colesterol también proviene de alimentos como los huevos, carnes y productos lácteos.

Evitemos que nos engañen cuando nos venden productos que dicen en su etiqueta “LIBRES DE COLESTEROL” porque en realidad es muy poco el colesterol que nos comemos como tal (solamente cuando nos atipamos de grasa animal como en el caso de los chicharrones, en el huevo y en otras fuentes puramente animales, aunque el huevo es discutible).

aceiteLa mayoría de las grasas que comemos son de origen vegetal y, por definición, están libres de colesterol. Sin embargo, las llamadas “GRASAS SATURADAS” como las del cerdo, el bistec «prime cut» como el T-bone y las costillas, la manteca, mantequilla, margarina y algunos aceites, se transforman en colesterol más fácilmente en nuestro organismo.

Es por eso que no debemos dejarnos engañar. Lo importante no es que los alimentos tengan o no colesterol, sino que tengan grasas saturadas y aquí tenemos un gran problema y es que las etiquetas nos dicen el porcentaje de grasa pero rara vez nos informan de cuanta de esa grasa es saturada, cuanta mono insaturada o cuanta poli-insaturada (algunas compañías responsables lo están incluyendo actualmente pero rara vez le ponemos atención).

Los alimentos son la fuente de todas las sustancias que entran al organismo y contienen los azucares, almidones, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y antioxidantes necesarios para que nuestro cuerpo crezca y funcione normalmente y en estos tiempos comemos mucha grasa saturada o sea triglicéridos formados por ácidos grasos que no tienen “dobles enlaces” (no se preocupe si no entiende lo que es esto, simplemente apréndase el término “grasa saturada”) en su estructura y estas sustancias son las principales precursoras del llamado “colesterol malo” que circula en nuestro organismo dañando las arterias y produciendo arteriosclerosis que se ha considerado la causa de las muertes de los seres humanos por enfermedades relacionadas o con el infarto del corazón, el ataque o derrame cerebral, la hipertensión y la obstrucción de las arterias de las piernas que termina en gangrena.

La mayor parte del colesterol, cerca de un 70%, que circula en nuestro cuerpo, lo hace adherido a proteínas de baja densidad (LDL) o sea que es del tipo conocido como colesterol malo aunque el resto, el que se adhiere a las HDL o proteínas de alta densidad, que es el llamado colesterol bueno, nos ayuda a prevenir que el malo se pegue en las arterias del corazón, cerebro y otros órganos. (al menos esa es la teoría que hemos sostenido hasta el momento).

En cuanto a los triglicéridos, éstos se consideran elevados cuando su nivel en la sangre está por encima de 150 miligramos por cada 100 cc de sangre o 150 mg/dl). Esto no debe causarle un susto mayúsculo porque lo más probable es que usted no esté realmente enfermo, a menos que padezca uno de los síndromes metabólicos raros que se describen en la literatura médica.

Generalmente podrá solucionar su problema con solamente seguir algunos lineamientos sencillos como los que hemos incluido en nuestra sección de COMER SALUDABLEMENTE o en LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA NUTRICIÓN.

La verdad sobre el colesterol o por lo menos la que un grupo importante de investigadores a nivel mundial está ahora sosteniendo es que los médicos, con toda nuestra formación, los conocimientos y la autoridad que se ha ido adquiriendo, tendemos a aumentar nuestro ego y difícilmente admitimos que nos hemos equivocado.

Sin embargo, sostienen muchos médicos reconocidos a nivel mundial y Bioquímicos ha llegado el momento de reparar el daño mediante los hechos científicos como los que presenta el doctor Black del departamento de microbiología y bioquímica de Boston University quien dice: «¿Será que llegó el momento de sacar al colesterol de la prisión a la que lo hemos condenado y reivindicarlo como un ciudadano inocente de los cargos que se le imputan»?.

El doctor Lundell cirujano cardiotorácico de la Universidad de Yale en Connecticut cuyas opiniones se pueden ver en http://www.quackwatch.org/11Ind/lundell.html dice que: (traducción libre) «Asistiendo de forma continua a seminarios, los creadores de opinión han insistido en que las enfermedades coronarias son el resultado del simple hecho de tener unos niveles de colesterol muy elevados en sangre. La única terapia aceptada ha sido la de prescribir medicamentos para bajar el colesterol y una dieta muy restringida en grasas. Un menor consumo de grasas traería consigo una disminución en la cantidad de colesterol y se reducían las enfermedades coronarias.

¡Pero no está funcionado! Estas recomendaciones no son ni científicamente ni moralmente defendibles. El descubrimiento hace unos años de que es la inflamación en la pared arterial la causa real de la enfermedad cardíaca, es lo que poco a poco está dando lugar a un cambio de paradigma en la forma en que son tratadas las enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas».

¿Qué hay de las medicinas contra el colesterol?

Casi un 25% de la población norteamericana toma estatinas, y un 30% de la población ha reducido la cantidad de grasa presente en la dieta, cada vez mueren más personas por enfermedades que afectan al corazón. Las estadísticas de la American Heart Association indican que 75 millones de estadounidenses sufren enfermedades cardíacas, que 20 millones padecen diabetes y 57 millones pre-diabetes.

Estos trastornos afectan cada vez a personas más jóvenes, en mayor número cada año.

Lo que parece tomar cada vez más fuerza es la «TEORÍA DE LA INFLAMACIÓN Y EL ESTRÉS» como causa de esos problemas.

En pocas palabras, sin la inflamación no es posible que se acumule el colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos y se causen de este modo enfermedades cardíacas y apoplejías.

Sin inflamación, el colesterol se mueve libremente por todo el cuerpo y es la inflamación lo que hace que el colesterol quede atrapado.

Ahora… ¿qué es la inflamación?

La inflamación no es un proceso complejo, se trata simplemente de una reacción natural del cuerpo ante invasores extraños, tales como bacterias, toxinas o virus.

El ciclo inflamatorio es una forma de proteger al cuerpo ante invasores bacterianos y virales. Sin embargo, si se expone de forma crónica a nuestro organismo a toxinas o alimentos que el cuerpo humano no está preparado para procesar, se produce entonces una inflamación crónica. La inflamación crónica es tan dañina como beneficiosa una inflamación aguda.

El problema es que en la inflamación crónica las sustancias que se liberan son diferentes y predominan los CORTICOSTEROIDES o sea los derivados de la cortisona que son causa directa de los trastornos metabólicos relacionados con una gran cantidad de enfermedades, entre ellas la obesidad refractaria, la acumulación de grasa en las arterias y en el corazón y los ataques cardiacos, hipertensión arterial y accidentes vasculares cerebrales.

Sostiene el doctor Lundell que la dieta recomendada, baja en grasas y alta en grasas poli-insaturadas y carbohidratos, es la que está causando repetidas agresiones a nuestros vasos sanguíneos, junto con el fenómeno tan difundido del «ESTRÉS». Esta agresión repetida produce una inflamación crónica que conduce a la enfermedad cardíaca, a los accidentes cerebro – vasculares, a la diabetes y la obesidad.

O sea que la lesión e inflamación de nuestros vasos sanguíneos está causada por una dieta baja en grasas, algo recomendado durante años por la medicina convencional. ¿Cuáles son los mayores culpables de la inflamación crónica?

Dice este médico que son: la sobrecarga de hidratos de carbono simples y alimentos muy procesados (azúcar, harina y todos los productos derivados) y un exceso de consumo de aceites vegetales con omega-6, tales como aceites de soya, maíz y girasol, que se encuentran presentes en muchos alimentos procesados.

El azúcar: El veneno blanco…

Resulta tentador saborear dulces, por eso se les llama dulces y comer pan blanco y repostería que metabólicamente es equivalente al azúcar.

El problema es que nuestro cuerpo responde como si un invasor extraño nos declarase la guerra.

Los alimentos cargados de azúcar, carbohidratos simples, o procesados con omega-6, uno de los pilares de la dieta que consumimos diariamente están envenenando lentamente a los seres humanos. Nada más párese en una calle de alta circulación y cuente mentalmente la cantidad de kilos de exceso que pasan en un minuto frente a sus ojos.

Haga el siguiente ejercicio: vea cada persona y estime mentalmente la cantidad de kilos de exceso, sin complicarse simplemente de cinco en cinco y apúntelo en un papel. Asimismo cuente la cantidad de personas con peso normal y asígneles un valor de cero. Sume la cantidad anotada y se asombrará del resultado.

¿Qué es lo que comemos los seres humanos en esta llamada sociedad post-moderna occidental?

Consumimos un 53% de nuestra dieta diaria en forma de carbohidratos, la mayor parte refinados y de ellos un 16% en forma de azúcar dulce (sacarosa glucosa y fructosa, sobre todo el HFCS o sirope de maíz alto en fructosa).

Un 15% de lo que consumimos es proteína y por proteína no se entienda carne ya que tanto los cereales como muchos vegetales como los frijoles y otras legumbres y la leche, huevos y queso tienen altos contenidos de proteína.

El resto hasta completar un 100% es grasa o sea un 32% y de esa grasa el 60% es en forma de grasas saturadas, un 30% son grasas de tipo Omega 6 que también son pro-inflamatorias y solamente un 20% son ingeridas en forma de Omega 9 y Omega 3 que son la grasas más saludables que disminuyen el nivel de inflamación y, por lo tanto, protegen el sistema circulatorio y nervioso.

¿Cómo es que un simple dulce produce una cascada de inflamaciones que hace que el cuerpo enferme? Imagínese que rocía el teclado con miel; esto es una representación visual de lo que ocurre dentro de la célula. Cuando consumimos hidratos de carbono simples, tales como el azúcar, los niveles de en la sangre se elevan rápidamente. Como respuesta, el páncreas produce insulina, cuya misión principal es que el azúcar llegue a todas las células donde se almacena la energía. Pero si la célula está llena y no necesita más glucosa, se rechaza el exceso para evitar una disfunción de los procesos que se llevan a cabo en su interior. Cuando las células rechazan el exceso de glucosa, se elevan los niveles de azúcar en sangre, aumentando la producción de insulina, y se almacena en forma de grasa. Recordemos que el cuerpo no tiene casi capacidad de almacenar azúcares.

¿Y qué hay de la inflamación?

La cantidad de azúcar en sangre se controla entre unos valores máximos y mínimos muy estrechos. Las moléculas de azúcar se unen a una amplia variedad de proteínas, que lesionan las paredes de los vasos sanguíneos. Esta lesión repetida de las paredes de los vasos sanguíneos desencadena la inflamación.

Cuando sube el nivel de azúcar en sangre varias veces al día, todos los días, es como frotar con papel de lija el delicado interior de los vasos sanguíneos. Si bien no puede observarlo, puede estar seguro de que ocurre así. De hecho todos los pacientes con enfermedad coronaria tenían un denominador común: la inflamación de las arterias.

Volvamos al asunto de los dulces. Bajo su inocente aspecto, no sólo contienen azúcar, sino que también están elaborados con ácidos grasos omega-6, tales como los provenientes de la soja. Las patatas fritas se fríen con aceite de soja, muchos alimentos procesados se fabrican con ácidos grasos omega-6, para que así tengan más larga duración. Mientras que las grasas omega-6 son esenciales al formar parte de la membrana celular, y así controlar lo que entra y sale de la célula, deben estar en un equilibrio adecuado con los omega-3 y con los omega 9 (como los que se encuentran en el aceite de oliva o canola o Canadian Oil Low Acid llamado el aceite del corazón).

Si hay un consumo excesivo de ácidos grasos omega-6, la membrana de la célula produce unas sustancias químicas denominadas citoquinas pro-inflamatorias, que causan directamente inflamación.

Hoy en día, la dieta suele producir un desequilibrio muy grande entre estos dos tipos de ácidos grasos. La relación de desequilibrio puede estar en torno de 15:1, o incluso de 30:1 en favor de los ácidos grasos omega-6. Esto produce una enorme cantidad de citoquinas pro-inflamatorias, siendo lo ideal sería una proporción de 3:1.

Para empeorar aún más las cosas, el sobrepeso produce una sobrecarga de células grasas que vierten grandes cantidades de productos químicos pro-inflamatorios, lo que se suma a las lesiones causadas por los altos niveles de azúcar en sangre. Recordemos que la grasa acumulada en nuestro tejido adiposo, al igual que la de res o cerdo, es grasa saturada al 100% por lo que al liberarse al torrente sanguíneo [cosa que ocurre constantemente] es como si estuviéramos todo el tiempo comiendo chicharrones.

De esta manera el proceso que comenzó consumiendo productos dulces se convierte en un círculo vicioso que con el tiempo genera una enfermedad cardíaca, elevada presión arterial, diabetes, y por último, Alzheimer, si el proceso inflamatorio no disminuye.

Para colmo de males, el consumo de dulces produce una ADICCIÓN a la que hemos llamado la adicción blanca (ver artículo en http://drpiza.com/?p=3383 )

No hay otra solución para disminuir la inflamación que consumir los alimentos lo más cercano posible a su estado natural. Para reconstruir un músculo, se deben consumir más proteínas. Para energía elija carbohidratos complejos, tales como los presentes en frutas, verduras y granos integrales. Reduzca o elimine el consumo de los ácidos grasos omega-6, tales como el aceite de maíz y soya, y los alimentos procesados que se han elaborado con estos aceites. Una cucharada de aceite de maíz contiene 7.3 gramos de ácidos grasos omega-6; la soya 7 gramos.

En su lugar, utilice aceite de oliva o mantequilla, procedente de animales alimentados con pasto.

Las grasas animales contienen menos del 20% de omega-6 y son mucho menos propensas a producir inflamación que los aceites poli-insaturados, de los que se dicen que son supuestamente saludables, como los que se encuentran en las margarinas.

Prevencion primaria de la enfermedad cardiovascular

Prevencion del infarto

Manuel E. Piza 2013

No espere a que le de un infarto, fácilmente podría NO CONTAR EL CUENTO

La enfermedad arterial coronaria y cerebral es hoy en día la principal causa de muerte. La mala noticia es que la mitad de los pacientes que tienen un infarto y el 40% de los que tienen un evento vascular cerebral, no viven para contarlo. Por eso no debemos esperar a tener uno para empezar a cuidarnos.

Los síntomas clásicos de un infarto agudo de miocardio incluyen dolor de pecho opresivo que puede irradiarse a los hombros, mandíbula, cuello, espalda, epigastrio, miembros superiores (predominantemente brazo izquierdo) y resto del tórax anterior, dificultad respiratoria, vómitos, náuseas, palpitaciones, sudoración y ansiedad.Por lo general, los síntomas en las mujeres difieren de los síntomas en los hombres, aunque cerca de un cuarto de los casos son asintomáticos o sea que se descubren solamente al hacer una revisión cardiaca o un electrocardiograma.Es un error creer que las mujeres no tienen infartos. Aunque los niveles de estrógenos ofrecen una protección relativa durante los primeros 50 años, después de esta edad la frecuencia aumenta al punto de ser igual a la de los hombres alrededor de los sesenta.

La prevención del infarto se ha dividido de acuerdo a si la persona ya ha tenido o no uno en: PREVENCIÓN PRIMARIA y PREVENCIÓN SECUNDARIA. Veremos un poquito de cada una de ellas.

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La obstrucción de una arteria coronaria ocurre generalmente por un coágulo que se forma sobre un sitio dañado por arteriosclerosis o un fragmento de placa que se desprende

La detección temprana de enfermedad coronaria es crucial para establecer un programa de prevención primaria pero es todavía mejor trabajar sobre los llamados FACTORES DE RIESGO CORONARIO, como veremos:

La edad, a pesar de lo que se pueda pensar, no es el factor más importante ya que en la década de los cuarenta es cuando se produce la más alta mortalidad por I.M. o sea que la prevención debe comenzar desde una edad muy temprana, posiblemente alrededor de los veinte años.

Cada vez vemos más personas jóvenes con problemas del manejo de la insulina e intolerancia al azúcar. POR ESO ES FUNDAMENTAL NO COMER AZÚCAR NUNCA y posiblemente enseñar a los niños desde pequeños a consumir alimentos que no contengan azúcar ni dulces de ningún tipo, con excepción de los edulcorantes artificiales que, aunque no son totalmente inocuos, sí podemos afirmar que no producen daño cardiovascular ni problemas metabólicos.

Es preocupante que en un país como Costa Rica el 16% de las calorías se consumen en forma de azúcar, siendo superada ésta solamente por el arroz. También tenemos una incidencia de diabetes a edades cada vez más tempranas, siendo frecuente que niños y adolescentes presenten cuadros de diabetes tipo II o sea la que anteriormente estaba reservada solo para adultos en la etapa media de la vida.

El problema con la diabetes es que no es solamente una enfermedad y hoy en día entendemos que no solamente el 7% de la población la padece. Bien es cierto que ese porcentaje es «francamente diabético» pero tenemos al menos un 15% más de personas que tienen «MAL MANEJO DE LA GLUCOSA» con defectos de producción o resistencia periférica a la insulina, dando lo que se conoce como «SINDROME METABÓLICO». (ver nuestra publicación en http://drpiza.com/contenido/sindrome-metabolico.pdf).

Ver también nuestro artículo VIVIR CON DIABETES MELLITUS

Aparte de los problemas en el manejo del azúcar y la insulina tenemos los factores hereditarios que determinan cambios en las arterias a temprana edad y problemas como el sobrepeso y el sedentarismo que tan entronizados se encuentran en nuestra sociedad actual.

Existen importantes controversias acerca de los niveles sanguíneos de colesterol y triglicéridos ya que al menos el 50% de las personas que mueren por un infarto presentan valores normales de lípidos sanguíneos.

Acerca de la dieta también hay importantes controversias pero en lo que todos los investigadores están de acuerdo es que se debe mantener un peso normal con un índice de masa corporal de menos de 26 Kg/m2 y un porcentaje de grasa menor de 32% en las mujeres y de 23% en los hombres.

Caminar es un ejercicio sin límite. Puede caminar un niño de 2 años y también una persona mayor y no se necesita equipo especial simplemente camine y aproveche los beneficios de este gran ejercicio
Caminar es un ejercicio sin límite. Puede caminar un niño de 2 años y también una persona mayor y no se necesita equipo especial simplemente camine y aproveche los beneficios de este gran ejercicio

Algunos medicos propugnan una dieta basada en proteínas, vegetales y grasa en cantidad moderada mientras que otros sostienen que la mezcla ideal debe contener al menos un 45% de las calorías en forma de carbohidratos complejos como almidones y harinas integrales y el resto dividido en un 30 a 35% de grasa y un 20 a 25% de proteínas.

Al final de cuentas parece que no es tan importante el tipo de régimen que usted siga mientras mantenga un peso normal con un bajo porcentaje de grasa corporal y un plan de ejercicio físico de al menos 5 horas semanales de tipo aeróbico o cardio.

De la prevención secundaria nos ocuparemos en otro artículo.

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Arteriosclerosis e inflamacion cronica

Arteriosclerosis e inflamación crónica.

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arteriosclerosis-2Relación entre enfermedades inflamatorias como puede ser mala salud periodontal (inflamación crónica de las encías), artritis, reumatismo, lupus y diabetes y enfermedad del corazón

Se ha establecido desde hace bastante tiempo que la arteriosclerosis o sea la enfermedad que causa los ataques del corazón y el daño de la circulación cerebral (derrames o infartos cerebrales) es el resultado de un “estado inflamatorio crónico” o sea que la presencia durante mucho tiempo de cambios en el sistema inmunológico con aumento de la actividad de sustancias y células relacionadas con la inflamación.

Este estado de inflamación crónica se ve favorecido por enfermedades como el lupus, la artritis y los diversos grados de RESISTENCIA A LA INSULINA  (ver tambien) en relación con hipertensión, acumulación de grasa en el hígado, ovarios poliquísticos, hirsutismo y cambios en la piel (acantosis nígricans). Pero también la infección crónica como la que se ve en las úlceras varicosas crónicamente infectadas y en la infección de las encías en las personas con exceso de placa y mala higiene dental tienen una influencia determinante en la producción de la enfermedad de las arterias. Mucho más que el colesterol elevado.

Un estudio de la Universidad de California de Los Angeles, y del Colegio de Letras y Ciencias de la misma ciudad, bajo la dirección del doctor Alan M. Fogelman, MD, relaciona la arteriosclerosis con la OXIDACIÓN DE LOS LÍPIDOS del tipo LDL que quedan atrapados dentro de la MATRIZ EXTRACELULAR o espacio SUBENDOTELIAL o sea el que se encuentra por debajo de la última capa que cubre las arterias (ver esquema).

arteriosclerosis-tomatesAlan Fogelman es el director de un equipo que ha logrado producir en forma transgénica tomates protectores contra la acumulación de LDL en las paredes arteriales por medio del estímulo de la enzima ApoA-1 que es la principal en el complejo HDL. (ver articulo)

Se ha demostrado que esta oxidación produce PROTEÍNAS que inician una REACCIÓN INFLAMATORIA y todo ello termina en la producción de la PLACA DE ATEROMA, que es la que inicia todo el problema de la falta de circulación sobre todo en las arterias coronarias y cerebrales, pero también en otras arterias como las de los miembros inferiores y abdomen.

Cuando la lesión arteriosclerótica progresa se ha demostrado que se activan genes que promueven la calcificación de las placas y se predispone a la RUPTURA MECÁNICA y la infiltración por un tipo de células llamadas MONOCITOS. Esa calcificación y ulceración de la placa hace que la sangre que circula junto a ella se COAGULE formando obstrucciones a la circulación que son las que determinan la presencia de un infarto.

Parece que hay en algunas personas potentes sistemas de protección determinados genéticamente que inactivan el proceso de formación de placa y la reacción inflamatoria que lo acompaña, aumentando el efecto protector de las HDL o lipoproteínas de alta densidad.

Las HDL llevan a cabo el transporte inverso del colesterol eliminando el exceso de las paredes de las arterias y transportándolo al hígado para que se excrete en la bilis, bien como tal o tras transformarse en sales biliares.

Las HDL se producen en hígado e intestino como pequeñas partículas discoidales ricas en proteínas y se van organizando en el plasma a partir de componentes de la degradación de otras lipoproteínas. Las HDL nacientes extraen el colesterol de las membranas celulares y lo convierten en ésteres de colesterol por acción de la LCAT (Lecitin-Colesterol Acil Transferasa) una enzima asociada al proceso.

El colesterol libre pasa fácilmente de las lipoproteínas a la membrana de las células; en el caso de las HDL nacientes el paso de colesterol a estas lipoproteínas pobres en lípidos está mediado por un transportador de membrana denominado ABCA-1 (“ATP-binding cassette transporter”) que también transfiere fosfolípidos y cuya ausencia produce la deficiencia en HDL de una rara enfermedad conocida como “la enfermedad de Tangier”. (en esta rara enfermedad se produce una ausencia de HDL y una acumulación de colesterol en diversos tejidos. Llama la atención que se aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular pero no en la proporción que se esperaría).

Algunas enzimas asociadas con los HDL juegan un rol importante en la protección contra la OXIDACIÓN DE LÍPIDOS en la pared arterial y pueden determinar la razón por la que esas lipoproteínas se consideran PROTECTORAS contra la arteriosclerosis.

Hace años se pensaba que la arteriosclerosis era una ENFERMEDAD DEGENERATIVA de la parte interna de las arterias, pero en las dos últimas dos décadas varias investigaciones han demostrado que no es ni degenerativa ni tampoco imposible de evitar o, sobre todo, NO ES IMPOSIBLE DE REVERTIR.

Contrariamente a la posición inicial en este momento se piensa que se trata de una ENFERMEDAD INFLAMATORIA CRÓNICA que se transforma en un proceso agudo cuando hay ruptura o ulceración de la placa y se produce una trombosis o coagulación de la sangre sobre esa ulceración.